En estas fechas nos sentimos más cercanos a la humanidad que somos, al cuerpo que somos , y a todo bicho viviente.
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Rincón de Oración

oratioterapia

La oración, exige intimidad, discreción, sinceridad, docilidad ante lo que puedas encontrarte en el avance de la “terapia”. Conlleva silencio interior, confrontación con tu propia realidad y con el yo imaginado y creado, el que se alza como un gigante pero con pies de barro.

Sentarse a hacer oración significa derramar muchas lágrimas, descubrir varios cajones revueltos y bastantes paquetes de regalos entregados en nuestro nacimiento y aún sin desenvolver.

Es un misterio. La oración es misterio, apertura a la comunicación, desarraigo. La oración es sanación, por eso es terapéutica, pero sin techo, una especie de terapia infinita, en la que avanzarás tanto como quieras avanzar, y siempre en compañía.

Comenzar un camino de oración, o retomarlo, no es sólo recitar fórmulas ya aprendidas sino que es inventar palabras nuevas, saborear frases que se han quedado vibrando en nuestra piel, que despiertan la belleza que espera tras nuestra mirada. Dejar al alma deslizarse, como la niebla sobre la ría, e ir haciéndola cálida y húmeda, fértil.

La mayor parte de las técnicas utilizadas en terapias son válidas para la oración: la relajación, las visualizaciones, la introspección, la confrontación, el ejercicio de la consciencia atenta y motivada, el descubrimiento propio, los pensamientos positivos, la aceptación,... todo entra en la “oratioterapia”, todo y más, porque aunque son elementos útiles para la oración no son en sí oración.

La oración te religa con Alguien que está en ti y más allá de ti, Alguien que te suscita preguntas y te sugiere respuestas, Alguien que te desnuda y te cubre,... Alguien que te sana, que cauteriza tus heridas, que las besa, en silencio, que no las borra pero sí las cicatriza y honra. En las heridas está escrita una parte de nuestra historia, ellas mismas son elemento constitutivo de la tinta con que se ha escrito.

La oración es como la sal: intensifica los sabores, hace los alimentos más sabrosos.

La “oratioterapia” es técnica viejísima, adaptada a lo largo del tiempo, con diferentes métodos y corrientes, con distintos maestros. Y siempre hay expertos ejercitantes dispuestos a iniciar y acompañar, por ejemplo, monjes y monjas, verdaderos terapeutas y sanadores, compañeros en el camino ajeno.

Invito, humildemente, a practicar “oratioterapia”, sin prejuicios, con absoluta desnudez, olvidando lo que creemos saber.

Acércate a alguien que ore con las entrañas descarnadas, alguien que esté reconstruyendo su vida tal y como un día la ideó Dios.

Sé tú oración, para ti y para otros.

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