Vayas donde vayas, algo de Dios puede pasar por el centro de ti mismo para llegar a tu hermano.
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ORAR CON EL GUSTO

1º Observa tu realidad.

-ves cosas, personas, acontecimientos…PERO ¿te detienes o pasas ligeramente?

- GUSTAR es algo más que SABER TEÓRICAMENTE, GUSTAR ES SABOREAR....

No es lo mismo saber y conocer todo o casi todo acerca del vino, sus propiedades, su composición, que saborearlo, gustarlo. Y no es lo mismo saber todo o casi todo acerca de Dios que tener experiencia de El.

2º Para orar con el gusto es necesario aprender a saborear la vida misma.

a) Concéntrate en la capacidad de saborear.

- “te sientas a la mesa” pero a veces la prisa puede más.

- “estás hablando con alguien” pero sin apenas escucharle

- “incluso en la eucaristía” estamos pensando en lo siguiente que haremos.

Para saborear la vida tienes que fijar tu atención, sin prisas, sin agobios, sin tensiones….

b) Un gusto limpio.

El gusto se puede perder por la falta de conciencia ante la vida, por ir de prisa, por pensar con la cabeza y no sentir con el corazón.

Las prisas, la eficacia, nos pueden hacer perder el gusto de saborear una puesta de sol, de contemplar un bello paisaje. Nos parece perder tiempo y sin embargo para gustar hay que sentarse como Maria de Betania, la que eligió la mejor parte. O como Teresa de Jesús que dice que no dirá jamás cosa que no haya experimentado, saboreado, vivido. Nadie que va corriendo de un lado para otro puede detenerse a gustar la vida, las cosas.

c) Vamos a detenernos gustando.

En el libro del Apocalipsis Jesús nos dice: “Estoy a la puerta llamando, si alguien me abre entraré y comeremos juntos”

Y el salmista que ha abierto la puerta y entrado, nos dice: “Gustad y Ved que bueno es el Señor” Pero para gustar y ver lo bueno que es el Señor lo vamos a hacer igual que si paladearemos un caramelo. Los caramelos no se tragan se van paladeando y disolviendo en la boca. Dice San. Ignacio que: “No el mucho saber harta y satisface el alma. Sino, el sentir y degustar las cosas internamente”

Vamos a imaginar la escena; Jesús desea compartir con nosotros, la vida, la comida, la Eucaristía... y repetimos las palabras de Jesús: “Estoy a la puerta llamando, si alguien me abre entraré y cenaremos juntos”

¿Cómo siento que llama a mi puerta? ¿En que momento del día o de la noche?

¿Y como abro la puerta? ¿Realmente la abro o a veces las prisas son la disculpa para no detenerme en abrir la puerta?

Lo maravilloso es que el Señor quiera sentarse con nosotros para enseñarnos, para compartir. El no tiene prisa. “Les enseñaba con calma” nos dice el evangelio de S. Marcos. O también: S. Juan: “Fatigado del camino se sentó junto al pozo”. El tiene más deseo de sentarse con nosotros que nosotros con él. En cada pagina del a Biblia está el Señor esperando a alguien que quiera sentarse con el: “entraré y cenaremos juntos”. Solo cuando lo hayamos comprendido seremos nosotros quienes le roguemos que se detenga, que no pase de largo. Es la bellísima oración que Abrahán dirigió a los tres ángeles que llegaron hasta la tienda en el encinar de Mambré: “¡Oh Señor mío, si te he caído en gracia, no pases de largo cerca de tu servidor” Y después de muchos siglos los discípulos de Emaús repiten lo mismo : ¡”Quédate con nosotros!”. Después de un encuentro con Dios, se sienten deseos de inmortalizarlo Siéntate, no pases sin detenerte...

El continuo murmullo de las palabras de Dios en nuestra boca se compara al murmullo del agua que va haciendo frondosos y fecundos los árboles que riega. “Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a El” Si lentamente repites esta frase llegará un momento en que se asimile y después en cualquier momento del día con motivo de cualquier acontecimiento se te vendrá ella sola “gustad y ved que bueno es el Señor

Quien pasa por la vida superficialmente, no ve lo que hay detrás de cada acontecimiento que le sucede, la inercia lo lleva de una cosa a otra. Quien se detiene y siente asombro experimenta, siente esa mano que se esconde detrás de cada acontecimiento.

Jesús se nos presenta a sí mismo como el verdadero pan, un pan que da vida eterna. Leemos en uno de los libros del AT en los Proverbios estas palabra: “”Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado; dejaos de simplezas y vivieréis… “Y el profeta Isaías añade: ¡Oh todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed sin dinero y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastar dinero en lo que no es pan y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso. Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. (Is 55, 1-3)

Para alimentarse de este pan hay que tener hambre de Dios, hambre de mil preguntas que nos quemen por dentro, una búsqueda ardiente en el corazón. Para que el Señor nos pueda alimentar con sus palabras hay que abrir la boca, como los pajarillos en el nido: “Abre toda tu boca, y yo te la llenaré” dice el salmo 81

“Elias caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!".
Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come!".
Él miró y vio que había a su cabecera un panecillo cocido sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!".
Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.”

3º Compromiso.

Durante esta semana puedes dedicarte a saborear la vida los acontecimientos, las personas a Jesús:

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos
(S. Juan de la Cruz)

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